El caso es que he quitado la funda y la he dejado en el suelo para llevarla luego al cesto de la ropa sucia. Y ahí sigue, desde esta mañana, porque cada vez que voy a cogerla me encuentro con ésto:
Sirio aprovecha su turno sobre el edredón.
Siempre hay alguien. Y cuando no es uno es otro, así que no descarto que se quede así toda la noche y ya si eso mañana pongo la lavadora...
Somos sus esclavos, está claro. Cuántas veces he tenido que dejar el armario abierto porque me he encontrado con un ocupante...
Yunus ha encontrado la postura perfecta. Por suerte, sobre un jersey blanco...
Ayer, sin ir más lejos, puse una silla para poder subir una mochila al maletero, y al ir a quitarla... ¡¡ocupada!! Pues allí que se quedó toda la tarde... (Si ampliais la foto veréis que en primer plano hay un forro polar rojo colgado de una percha, ¿no? Bien, pues... ¿¿¿¿veis los pelos???? ¡¡QUÉ HORROR!!)
Sirio ocupa la silla, pero... ¿véis a quién observa? A Minerva, ¡la reina de las alturas!
Y, para terminar, os cuento la última moda: beber de la regadera. Por esa razón tengo que dejar la regadera tumbada, llena de agua y la terraza siempre abierta, ya sea de noche, de día, llueva, truene o nos asemos de calor...
¿Cuál de los tres tiene más carita de santo?
Sí, sí, he dicho tres... Yunus, Apolo y... ¡¡Estrellita, que te veo!!
Decidme que vosotros también sois esclavos... ¿a que sí? Ahora bien, otro refrán que me aplico: ¡¡sarna con gusto no pica!!












